Carta a Sika IV [La encontré]


21 de noviembre de algún año (Quizás nunca ha importado)



Desde la Ciudad del Veremos



Sika:


Te tengo que confesar que los últimos días han sido de reflexión profunda. He entrado a lugares que no conocía desde mi propia existencia. Parece que todo se pone más claro. Pero tú y yo sabemos que la claridad no existe en esta metáfora a la que llamamos vida. Supe que fuiste a una ciudad en donde me alojaba. No nos pudimos ver, lástima, pero así, quizás, tenía que ser. Si no hubiese sido así, quizás no te estaría contando en esta carta que he encontrado lo que tanto buscaba. El tesoro que tanto buscaba el viajero. Sí, Sika; he encontrado algo que nos compete a nosotros dos, algo que es tan sólo de los dos, algo que crearemos, destruiremos y lo haremos nuestro.


Oh linda Sika,
Mi dulce viajera.
La encontré.
Si, la encontré;
Encontré a la Ciudad del Veremos,
A nuestra ciudad del silencio.
Esa ciudad me llame a que te llame,
Porque ella eres tú,
Porque ella soy yo,
Y porque nosotros somos ella.
Que linda es aquella ciudad
Y nos invita
A perdernos dentro de sus serenos silencios.
Encontré la ciudad que buscaba
Y ahora, ésta,
Te espera con sus puertas abiertas.
Si, la encontré,
Y ahora te llama
Para que seamos uno con ella;
Con aquella ciudad eterna…



Como ves Sika, he encontrado a La Ciudad del Veremos. Nuestra ciudad. Aquella que me susurra con sus ruidos, con su gente, con sus luces, a que te llame para que también la sientas, la suspires, la crees. Sika, no tengo que decirte cuantas ganas tengo de verte, y no tengo que decirte que este Viajero aún vaga en busca de tus ojos. Me quedare unos días más en esta ciudad, los días necesarios para poder salir a viajar un rato por los fantasmas del Veremos. Sika, te digo, que se agotan lentamente las fuerzas sin querer. Tan sólo te pido unas horas para ver tus ojos y así seguir viajando para buscar aquel centro en donde no existe nada, en donde existe todo; en aquel centro que quisiese que lo viviésemos juntos por un momento, por un silencio.



Y no vi tus lindos ojos,
Oh mi dulce Sika.

No pude darte aquel abrazo
Y beso anhelado;
Y oh linda,
Este Viajero ya empieza a perder fuerzas.
No creas que es fácil
No poder ver el rostro
De aquella Musa por quién se viaja.
Nuestra despedida
No fue en un puerto, como lo va a ser la bienvenida,
Tal vez por eso
Pesan tanto los recuerdos.
¿Y qué hago?
Si ya siento que me muero tan tempranamente
En los huracanes del deseo.
Oh Sika
Se van las fuerzas, el deseo, los serenos;
Y aquel beso
Cada vez se esconde más
En aquel silencio eterno.



Espero tener respuesta (s), de tu parte. Quisiera que en estos días, pasados por lluvia, frio y neblina, me regalases por lo menos unas horas para hablar de cualquier cosa. No sé, colocá el tema que querás, más, verte ahora es lo primordial. Difiero en no serte una molestia, me vuelve el animo cuando aparece algo inesperado, y no hay nada más inesperado de hallar nuestra ciudad eterna. Si, podremos venir de vacaciones, de paso, de descanso de los miles de viajes que afrontamos cada mañana al despertar. Pero, antes de terminar este año que no importa cualquiese que fuese, repito que quisiese que vieses esa ciudad tan perfecta como la María de Isaacs o La Maga de Cortázar. Tu nombre, tema a tratar. Espero tu respuesta. De todas formas, te mando la invitación, de este viernes para que nos paseemos por la calle principal de esta ciudad. La llaman la séptima. Un beso y un abrazo desde el Veremos…


De: El Viajero

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