Carta a Sika III [La Ciudad de las Miradas]


16 de Noviembre de algún año (A nadie le importa ya...)


Desde La Ciudad de las Miradas


Sika:


Brindar una sonrisa suele ser algo reconfortante en estos días. Aún más, si es convergente con las acciones de la gente. Oh niña, no te imaginas cuanto puede denotar el rostro de una persona. Es algo grandioso y chistoso a la vez. Es como reconocer a las personas con tan sólo mirarlas tres segundos. Sí, cada vez es más loco este viaje. Me di cuenta de todo esto en el bus que me llevaba a otra ciudad. ¿Sabes? Pensé que mi estancia en La Ciudad del Pasado iba a ser más larga y duradera. Más, no fue así. Al llegar compre un refresco, me perdí en la mirada de algunos fantasmas del pasado, y tomé un bus que partía al caer los últimos rayos de la tarde, con ese color naranja que identifique las tardes calurosas. Un lapso de unas horas. En fin, a quién le importa. Durante el viaje a esta ciudad que embarque hace unos días, iba en el bus acompañado por la magia de la Ganjah. Si, gran y magnánimo viaje. Bajo el éxtasis y clímax de la dulce hierba de la tierra, puede notar diferentes comportamientos de todos aquellos que viajaban conmigo. Lo que te relataba en un comienzo. Con la mirada ya podía saber que sentían en ese momento; hasta hubo un hecho gracioso que algún día te contare. Al encontrarme en un pequeño trancón durante mi trayecto, y para no aburrirme con la gente que desesperadamente gritaban que los dejasen bajar allí para llegar más rápido, saqué mi cuaderno y decidí expresar lo que sentía en aquel momento. Si quieres ver el poema, es el que publique anteriormente a esta carta: "Desde Allí".


Pero ya dejemos de hablar de mí. Sika, quisiera saber algo de vos, que me contases como va todo, en que silencio se encuentra ahora tu vida, en que mar navega tu loca sonrisa suicida. Hace unos días, no me acuerdo en que ciudad me encontraba; pero debimos conocerla (o la conocemos). Te escribí unos versos, que ahora, ya descansando en esta ciudad, junto a algunas miradas perdida en los umbrales, los he releído una vez más. Espero que te gusten.


Que linda es la ciudad.
¿No, Sika?
No te parece preciosa, sublime, perfecta
Aquella musa palpitante como lo es la metrópoli.
¿Dónde estás?
¿Qué haces?
¿Me pensás?

¿Me esperas?
Sé que dije que no era tiempo,
Pero todo acá,
Son recuerdos y besos falsos de febrero.
Linda, quiero algo “verdadero”
Algo que me traiga nuevamente
A creer en el amor sincero.
Y entonces; ¿Qué hacemos?
Nos encontramos el viernes
Durante el séptimazo venidero?
Nos vemos en la estación de la Escuela Militar
Vos con tu sonrisa y yo con mi poesía?
Que hacemos
Para que esto no se vuelva desesperante
Para que no nos coman los recuerdos;
Que llegan como ráfagas
Sin dar tiempo para esquivarlas
Y que llegan para quemar el corazón y los serenos.
Hagamos algo. No sé;
Una mirada, una sonrisa, un beso
Para volver a volar por los cielos.
Algo para volver a sentir que existimos
Y que somos los dos viajeros de este cosmos infinito.
Quiero partir ya
Pero tengo miedo
De que por mi silencio
Y por los estúpidos recuerdos
Nuestro viaje sea turbado
Por deseos perdidos en un enero placentero
¿Qué hago? ¿Sika?
Que hago para que todo salga “bien”
Y que al ver tu rostro nuevamente
No allegue culpa o remordimiento
¿Qué hacemos Sika?
¿Qué hacemos?..



No recuerdo exactamente cuando escribí esto. Muy rosa. En fin. Sika, mirá que aún sigo pensando en tu nombre. Pensé en María. Leo a Isaacs. Es una de las mujeres de la literatura más deseadas, como La Maga o Beatríz. Más no me parece conveniente. Te llamaría La Maga, pero no, eso ya es otro cuento. Seguiré buscando un nombre que me llene tanto a vos como a mí. Creó que no es más. Ah; estuve pasándome por los aposentos de Angélica. Vi que le dejaste un recado que ibas el miércoles a la ciudad en donde se encontraba ella. Si acelero un poco el paso podré llegar allí si lo deseas. Décime vos si acelero el paso y nos vemos ese día. No tendré que decirte que tengo muchas ganas de verte. Un beso y un abrazo, regalándote una mirada desde el mismo centro que no existe, aquel que inventaremos cuando se posen nuestras manos una vez más.


De: El Viajero

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